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¿Sabías que los primeros leones del Congreso eran de yeso pintados con betún de judea?

Los leones del Congreso de los Diputados de Madrid han pasado a ser un icono de la ciudad, al igual que la Puerta de Alcalá o la fuente de Cibeles. Como todo monumento que se precie, los leones, con su aspecto fiero y majestuoso, tienen tras de sí una historia en la que se mezclan realidad y leyenda.

Tenemos que retroceder al Madrid de principios del siglo XIX. En una España incipientemente constitucional, se decide construir en la Carrera de San Jerónimo el Congreso de los Diputados, un sitio donde los parlamentarios pudiesen debatir lo asuntos políticos. El lugar elegido será el antiguo solar que dejó el convento del Espíritu Santo tras un incendio que arrasó con él.

Isabel II colocó la primera piedra del Congreso en 1843, y de cuyo proyecto se encargaría Narciso Pascual Colomer, acabándolo en 1850. La escalinata del Congreso se remató con un par de farolas que dejaban al conjunto un poco desangelado. Es en este momento y a petición de los parlamentarios, cuando se decide colocar un par de leones, símbolo de la monarquía, que custodiarían de manera eterna el santuario de la política española, dotándolo de mayor empaque y solemnidad.

Para la realización de dichos leones se recurrió al escultor aragonés Ponciano Ponzano, escultor de la corte, que ya había realizado las figuras del frontón neoclásico del Congreso. Pero el presupuesto para la realización de unos leones en bronce era demasiado elevado para un país que comenzaba a sumergirse en una de sus primeras crisis capitalistas. Debido a esto,Ponciano Ponzano no realizó los leones en bronce, sino que se recurrió a otro material más barato: el yeso. Los primeros leones del Congreso de los diputados se modelaron en yeso pintado con betún de judea, imitando bronce. La inauguración oficial del conjunto tuvo lugar en 1851 y como era de esperar, aquella descabellada idea duró lo justo: unos cuantos días de lluvia. Un año después los leones estaban completamente desfigurados, siendo tan sólo un recuerdo de aquellos animales fieros que un día fueron.

Estropeados los leones y sin posibilidad de restauración, el gobierno volvió a encargar unos nuevos leones. Esta vez el artista sería José Bellver, un escultor recién llegado de Roma que se había ganado un puesto en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Este segundo encargo sería igual de decepcionante, puesto que, aún hechos en piedra, los leones de Bellver parecían más bien unos gatos indefensos y desmelenados. El tamaño era escaso y la talla dejaba bastante que desear. Pronto este nuevo par de leones fueron bautizados por los madrileños como Benavides y Malospelos. Las burlas a las que se sometían el gobierno y los diputados a causa de los nuevos leones, hicieron que se pensase en el encargo de una tercera pareja de leones que sustituyese a los mansos leones de Bellver.

Los leones de José Bellver fueron trasladados a Valencia, y a día de hoy los podemos contemplar custodiando la entrada del maravilloso jardín de Monforte.

Por la misma época, el año 1860, El valle del Rif sufrió una serie de levantamientos y ataques, en los que ciudades como Ceuta fueron saqueadas. Estos asaltos se sofocaron trasladando el ejército al norte de África al mando del general O’Donnell. Tras la victoria de la batalla de Wad-Ras, el ejército trajo como botín los cañones de bronce incautados al ejército del sultanato de Marruecos, al ser el bronce un metal muy codiciado por su alto valor económico.

Con unas cuantas toneladas de bronce en España, el gobierno pensó que era el momento para encargar de nuevo a Ponciano Ponzano unos leones, esta vez en un material noble y duradero. Los cañones fueron fundidos en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla, para posteriormente ser la materia prima de los deseados félidos.

La colocación de los leones de bronce no estuvo exenta de polémica. Algunos diputados pensaban que el material del que estaban hechos provenía de una guerra y no merecían estar en tan privilegiado lugar. Las esculturas fueron acabadas en 1865 pero debido a la polémica generada por la procedencia de su material, no fueron colocadas en su emplazamiento hasta el año 1872.

Esta vez Ponciano Ponzano sí que consiguió dotar a los dos leones de la fiereza y la belleza deseada. Pronto comenzaron a ser conocidos como Daoiz y Velarde, en honor a los héroes del 2 de mayo de 1808, que lucharon en la guerra de la Independencia contra las tropas francesas que habían invadido España.

La pareja de leones a simple vista parecen idénticos pero guardan unas diferencias: para empezar su peso es diferente, uno de ellos pesa 2.668,537 kilos y el otro 2.219,445 kilos. Pero esta no es la curiosidad que más los diferencia; sino que la gran diferencia y a su vez la curiosidad más impactante es que uno de ellos tiene testículos y el otro no. Debido a esta diferencia testicular mucha gente los confunde con Hipómenes y Atalanta, dos amantes que fueron transformados en leones por la diosa Cibeles para que tirasen eternamente de su carro. Pero lógicamente los únicos leones Hipómenes y Atalanta que tenemos en Madrid están en la fuente de Cibeles.  Pero podríamos preguntarnos: ¿por qué entonces uno de ellos carece de testículos? La respuesta es más sencilla y nada tiene que ver con la mitología clásica. Cuando se encarga la tercera pareja de leones a Ponciano Ponzano y tras dos intentos fallidos y bochornosos, se le impuso al escultor que sólo podría utilizar el bronce traído de los cañones incautados en la batalla de Wad- Ras.

Ponciano Ponzano creó los moldes de cada león con 2276 piezas, repartidas en 26 piezas los ojos, 34 las orejas, 91 la boca y 2121 el resto del cuerpo. Tras la fundición de los leones, los moldes quedaron en Sevilla, donde hasta el 2009 permanecieron en la Real Fábrica de Artillería, donde fueron fundidos. A día de hoy se encuentran en el edificio de Capitanía, en la Plaza de España, donde pueden contemplarse.

Durante el proceso de creación de las esculturas, Ponzano se dio cuenta de que faltaría algo de material y decidió prescindir de éste en los testículos del león izquierdo, al cual representó con el rabo enroscado, lo cual servía para tapar la pudorosa falta de material.  La situación algo más elevada de éste permitía que el detalle pasase desapercibido. Tanto fue así que hasta el año 1985, durante la restauración del conjunto no se descubrió el “secreto” de los leones del Congreso.

Pero las curiosidades y misterios de los leones van más allá. Ponciano Ponzano fue un hombre con una fuerte personalidad, perfeccionista, supersticioso. Siempre fue reticente a ser el creador de los leones del Congreso. Pocas veces había realizado una escultural animal, por considerar que le traían mala suerte. Pues bien, su peculiar fallecimiento en 1877, atragantado por una uva, creó un halo de misterio en torno al escultor y los leones del Congreso.

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